Caliban es un lugar de trabajo creativo, se ocupa de
interrogar para promover nuestras preguntas.
Los valores que se promueven tienen que buscar la irracionalidad,
la ingenuidad, la originalidad, la tragedia, para revelar el increíble
gesto multiplicador e inesperado.
Caliban es experimentar dialécticamente las enormes posibilidades
de las personas que quieren agruparse, que eligen la actuación
como vocación de vida.
Es un lugar de encuentros, de dolor, de despojo, de júbilo y de diversión
a través de un juego llamado teatro, que tiene, por ser tan antiguo,
la sabiduría suficiente para entender que nunca terminamos de aprender.
Caliban tiene responsabilidad social, una fuerte idea ética que antecede a
todo el ritual del maravilloso juego del teatro.
Entonces Caliban es un impulso legítimo de búsqueda de la experimentación
y, en nuestro país, eso significa hacerlo con enorme humildad
desde cierta orgullosa marginación.
Si pedimos rigurosidad es porque estamos haciendo algo que deseamos
con todo nuestro cuerpo y si así no podemos perder el tiempo
ni contagiarnos de adicciones que nada tiene que ver con los excesos,
ni con el ocio productivo.
Caliban se entrega a la subjetividad como al amor se entregan los amantes
pero pretende la ingeniería, la arquitectura, la ciencia y la historia,
y especialmente, la materia de los sueños para intentar darle formas perentorias,
cierta lealtad a los que fueron y son ejemplo de humanismo consecuente.
NORMAN BRISKI